Tal vez nos asomemos peligrosamente al fin de todos los humanismos.
Vemos como el hombre es desplazado por los intereses de las grandes corporaciones.
La TV nos muestra como millones de personas son sacrificadas vanamente por deseos siempre insatisfechos de los adoradores del "Dios Dinero".
La economía lejos de ser una herramienta al servicio del bienestar general, es utilizada por los Ceos (siempre ciegos, sordos y mudos para los menos fuerte), para establecer todo tipo de dependencias, todo para que unos pocos aseguren su efímero bienestar.
Probado esta que el aumento de las riquezas improductivas no redunda en la generación de posibilidades de crecimiento para los pueblos.
Territorios ricos en recursos naturales muestran las miserias de comunidades pauperizadas.
Son riquezas improductivas las que no se destinan a terminar con la pobreza.
Pero peor que la pobreza económica es la pobreza espiritual que ostentan quienes en poder de los recursos y los medios de comunicación masivos terminan asesinando de mil formas a quienes quedan al costado del terraplén resbaladizo de la ruta de un progreso sin humanos.
El hombre con conciencia debe salir de la trampa sembrada por estos Ceos de intereses difusos.
La democracia demo liberal no soluciona el hambre y la angustia que millones de humanos en el mundo padecen en la era tecno trónica.
La era del esplendor cibernético muestra una cara antihumana, con el frío de una conexión que al tomar una decisión de "progreso" termina eliminando millones de humanos, como chips que se apagan, pero son vidas que se terminan.
Lejos de la "Comunidad Organizada", la esperanza de una superación discurre en salones alejados del poder real.
Es que el triunfo del modelo dominante impone a los hombres alternativas inviables al corto plazo y sucede la decepción, la frustración y la angustia del no se puede.
Argentina, granero del mundo, padece del indecente índice de pobreza más alto de las últimas décadas.
Pobreza estructural, encallecida de tanto perdurar. Generaciones arrojadas al pozo de la basura por mentes "privilegiadas" para las cuales siempre dos más dos le dan tres, en contra de esos pobres.
Pero peor aun es que los pobres clamen por migajas de esas manos inescrupulosas que se las arrojan con cuentagotas.
"Usen celulares", "consuman alcohol", "desechen el trabajo productivo", y los que quieran escapar a este mandato deberán lamer las suelas de los zapatos de esos mismos Ceos que establecieron los códigos del usuario esclavizado.
El mundo esta preestablecido. El pobre no puede ir a la universidad.
Tal vez, sólo tal vez, nos despertemos mañana con esa carácter criollo que impulso a tantos patriotas y deseemos y trabajemos por ser libres y soberanos "aunque andemos en pelotas como nuestros paisanos... los indios".




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