Las pequeñas cosas marcan la diferencia en un mundo de letras.
A través del quiero, hoy me atrevo a realizar una adaptación de un cuento de "Benito Lynch" (argentino de pura cepa).
HERENCIA ANULADA:
Otra vez llegaron los hombres, con caras brillantes de transpiración.
Otra vez llegaron los hombres, con caras brillantes de transpiración.
Sus cabezas cubiertas por pañuelos, tan sucios como sus bombachas o los mandiles de lonas con que simulan protegerlas.
Trabajan de pie, con el cuerpo doblado a la cintura, como si no tuvieran espina dorsal; y por el suelo, entre sus piernas las míseras ovejas, a medias, despojadas de un vellón y mantenidas en las más antinaturales y crueles posturas; sufrir, a flor de la piel estremecida, de miedo.
El paso veloz de la tijera: inquietantes, unas veces silenciosas e inmóviles, como si estuvieran muertas, otras respirando excitadamente, lanzando balidos lastimeros.
Trabajan de pie, con el cuerpo doblado a la cintura, como si no tuvieran espina dorsal; y por el suelo, entre sus piernas las míseras ovejas, a medias, despojadas de un vellón y mantenidas en las más antinaturales y crueles posturas; sufrir, a flor de la piel estremecida, de miedo.
El paso veloz de la tijera: inquietantes, unas veces silenciosas e inmóviles, como si estuvieran muertas, otras respirando excitadamente, lanzando balidos lastimeros.
De vez en cuando, alguna tijera, por torpeza de la mano o por apresuramiento, muerde la piel, llevándose un pedazo; pero tan pronto como salta la sangre, salta también dominando el bullicio de la faena, la voz enérgica del esquilador que grita:
“Médico”, y al instante acude el viejecito achaparrado, provisto de un tarro y una brocha y se apresura a embadurnar con blek la boca roja de la herida.
Y oveja por aquí y oveja por allá.
Y la soberbia de otro esquilador, que reclama - oveja.
Y llega allí la última res maneada con las guasquillas de piel de carnero.
-Pensé que podría!!.
-Pero ver sacrificar, porque la esquila pasada, ni el blek, ni los cuidados posteriores sanaron aquella herida.
-Y los intrépidos y asquerosos gusanos desmembraron a gajos los tejidos.
-No puedo!!.
No quiero!!.
-Prefiero recoger los vellones de lana, que por un lado tienen el mismo y bello color de esos capullos blancos que dora el sol, de la tarde, y por el otro un sucio y uniforme gris de ceniza, y llevarlos a la mesa de los atadores.
-Aunque el polvo no me deje respirar.
-Dejo el tendal, en penumbras, del galpón de la estancia.; y esta atmósfera de horno saturado, de tufo de lana y de olor de tabaco y caña.
-Y este inmenso coro o rumor de marea, que confunde el balar de las ovejas.
-Aquí está mi ropa, roñosa y engrasada.
-No quiero más!!.
-Le diré a papá, que fui yo el culpable de no aprender.
-Seré el más cobarde, pero ser el mayor no te da derecho a obligarme.
-No quiero este trabajo!!.
-Lo odio, te detestó!!.
Monólogo de un hermano menor a otro mayor, que prometió a su padre enseñarle la tarea de la esquila, en su propio campo.
Y en donde la muerte de un animal le da premura para retirarse, para él, del campo de batalla.
Todo un mensaje, para los tiempos en que vivimos, será hasta el próximo encuentro.





0 comentarios :
Publicar un comentario