"El deterioro del poder adquisitivo modificó por completo los hábitos de consumo".
"Si antes era habitual comprar un kilo de pan, hoy la mayoría de los clientes adquiere únicamente lo que puede pagar en el momento".
"La modalidad de compra pasó a ser completamente fraccionada, es decir, muchos consumidores llevan una o dos flautas para el día, en lugar de abastecerse para toda la familia", enfatizó Pinto.
"La mayor clientela que perdimos en nuestro negocio son los jubilados, que con esta crisis dejaron de comer pan porque priorizan la compra de remedios".
De acuerdo con la entidad, numerosos comercios trabajan apenas al 50 por ciento de su capacidad debido a la caída de las ventas y al incremento de los costos de producción, especialmente por las tarifas de los servicios públicos y el precio de la harina.
Pinto advirtió además que "la crisis también se refleja en un fenómeno que es cada vez más frecuente, el de personas que esperan el remanente de la producción de la tarde para solicitar alimentos, en lugar de comprarlos".
"Hoy viene más gente a pedir que a comprar", señaló.
"La situación de los panaderos de la Argentina es crítica. Seguimos en caída libre. Hace dos años y medio nos sentamos en un tobogán y no paramos de caer".
"El impacto económico ya provocó el cierre de unas 2.850 panaderías en todo el país, con una pérdida estimada de 17 mil puestos de trabajo", finalizó.



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