El violento homicidio ocurrió en una vivienda del barrio Las Tablas, en el distrito madrileño de Fuencarral.
Según los investigadores, el asesino ingresó al departamento sin forzar la entrada, por lo que creen que la víctima lo conocía.
Durante el ataque, el agresor habría utilizado gas pimienta para impedir que Rico pudiera defenderse.
El cuerpo fue hallado en la cocina con 13 heridas de arma blanca distribuidas entre la espalda, el omóplato y el abdomen.
Junto a la víctima también encontraron el cuchillo utilizado en el crimen.
El macabro hecho fue descubierto luego de que una vecina alertara al portero por un fuerte olor químico y por los gritos que provenían del departamento.
Las cámaras de seguridad registraron la salida del sospechoso, quien escapó en un automóvil rojo rumbo a La Adrada, un municipio de la provincia de Ávila.
La principal hipótesis sostiene que el atacante estaba convencido de que Facundo Rico mantenía una relación con su esposa.
Aunque esa supuesta infidelidad nunca pudo comprobarse, la investigación determinó que la mujer y el ingeniero argentino asistían al mismo gimnasio y que ella planeaba separarse de su marido.
Las autoridades consideraron que el hombre desarrolló una obsesión motivada por los celos, lo que terminó desencadenando el asesinato.
Al día siguiente del crimen, el sospechoso se dirigió al paraje conocido como Charco de la Olla, donde se quitó la vida.
Con su muerte, la causa quedó cerrada desde el punto de vista penal.
Rico era oriundo de San Juan (Argentina) y vivía en España desde hacía aproximadamente una década.
Era ingeniero en Telecomunicaciones y trabajaba en el sector de las energías renovables, con experiencia en proyectos de energía solar y eólica.
Además, había sido docente auxiliar en la Universidad Nacional de San Juan, y apenas un mes antes del crimen, había comenzado un nuevo trabajo como ingeniero de proyectos.



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