La triste noticia provocó una profunda conmoción en organismos de Derechos Humanos, organizaciones sociales, ámbitos políticos y académicos, donde su figura era reconocida por una trayectoria marcada por la perseverancia, la coherencia y el compromiso con la búsqueda de verdad sobre los crímenes cometidos durante el Terrorismo de Estado.
Almeida nació el 28 de junio de 1930 en el barrio porteño de Belgrano, Taty provenía de una familia estrechamente vinculada al ámbito militar.
Su padre fue oficial de Caballería, su hermano alcanzó el grado de coronel y gran parte de su entorno familiar compartía una visión conservadora y antiperonista.
Alguna vez dijo: "yo antes era gorila".
Durante muchos años su vida estuvo alejada de la militancia política y de las luchas sociales que más tarde marcarían su destino.
Pero, ese rumbo cambió para siempre el 17 de junio de 1975.
Ese día, su hijo Alejandro (de 20 años), estudiante de Medicina y trabajador de la agencia Télam y del Instituto Geográfico Militar, salió de su casa con una frase que quedó grabada para siempre en la memoria familiar: "Esperáme, ya vengo" y nunca regresó.
Alejandro fue secuestrado y desaparecido por la organización parapolicial Triple A, meses antes del golpe militar de 1976.
Como miles de familiares de desaparecidos, Taty inició una búsqueda desesperada, recurrió a contactos militares y golpeó puertas de figuras que luego ocuparían lugares centrales en la dictadura, pero las respuestas nunca llegaron.
El punto de inflexión ocurrió cuando revisó las pertenencias de su hijo y en una agenda encontró poemas escritos por Alejandro que revelaban una faceta desconocida para ella: su compromiso político y sus ideales.
Aquella lectura transformó profundamente su mirada sobre la realidad y sobre la historia que atravesaba el país.
"Yo siempre digo que estoy feliz de haber parido a mis tres hijos, pero que Alejandro me parió a mí", repetía con frecuencia para describir el cambio que experimentó a partir de entonces.
La última aparición pública de Taty tuvo lugar hace apenas unas semanas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde recibió una nueva distinción académica.
Desde una silla de ruedas, pero con la lucidez intacta, dejó un mensaje destinado a las nuevas generaciones.
"Quedamos tres Madres, nada más, y dos Abuelas".
"Ustedes son los que van a continuar luchando por la memoria, por la verdad y por la justicia. Ya hemos pasado la posta", afirmó.
En ese mismo acto reivindicó la militancia política de los jóvenes y recordó a su hijo Alejandro.
"No hay que tenerle miedo a la palabra militancia. Militar es tener compromiso", enfatizó Taty.
Con esta partida, ella se fue con su enorme sonrisa a encontrarse con su hijo (ese abrazo tan esperado).
Mientras nosotros seguiremos levantando la bandera por siempre... de generación en generación, con lágrimas en los ojos y orgullo en el pecho.
SU ÚLTIMO ADIÓS:



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