El deterioro de la actividad está directamente relacionado con la paralización de la obra pública nacional y la desaceleración de los proyectos privados.
La reducción de la inversión en infraestructura impactó sobre una industria que históricamente se destacó por su capacidad para generar empleo y movilizar distintas ramas de la economía.
La situación también se refleja en las expectativas de empresarios y profesionales del sector, de acuerdo con el último Estudio de Opinión Construya, realizado entre 370 integrantes de la cadena de valor, el 67% aseguró haber registrado una disminución de su nivel de actividad durante los últimos doce meses.
Solo un 10% percibió una mejora, mientras que un 23% indicó que mantuvo niveles similares a los del año anterior.
A este escenario se suman el incremento de los costos de construcción, la caída de la demanda y las dificultades para acceder al financiamiento.
Con la obra pública reducida a niveles mínimos y representando apenas el 5% de la demanda actual, las refacciones, ampliaciones y obras privadas de pequeña y mediana escala se consolidaron como el principal sostén de la actividad.
Mientras tanto, las perspectivas para los próximos meses reflejan incertidumbre: el 34% de los encuestados cree que la actividad mejorará, otro 34% estima que se mantendrá estable y un 32% anticipa una nueva caída del sector.



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