Duele ver lo que está pasando en toda Latinoamérica, lo que pasa en el mundo..., los que nos pasa a nosotros.
Al ver a mi querida Argentina sumida en una crisis económica y social, sentí la necesidad de escribir con los mandatos de mi corazón.
Desde tiempos remotos el hombre luchó por sus derechos.
El deseo de un mundo más justo, más libre y más solidario seguramente ha sido una aspiración común desde que existe el ser humano.
Esos derechos fueron evolucionando a través de la historia según las exigencias de cada época y momento histórico.
El siglo XX ha sido escenario de conflictos bélicos de grandes magnitudes: la Primera y Segunda Guerra Mundial.
En ambas, murieron millones de personas y se cometieron atroces crímenes contra la Humanidad.
Ante esta situación, los gobernantes de un gran número de Naciones elaboraron una serie de normas y acuerdos.
El 10 de diciembre de 1948 fue adoptada y proclamada en la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Su principal objetivo era preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra y reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre.
En uno de sus artículos expresa: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.
Claro, el hecho de tener derechos, impone a tener deberes y obligaciones.
Para dar efecto a esas obligaciones como ciudadanos, está la justicia.
El Estado crea leyes estipuladas en hacer valer lo más apropiado para la mayoría y tiene la autoridad de hacerlas cumplir.
La justicia ha existido junto con las sociedades humanas desde el inicio de los tiempos. Desde que el hombre decidió agruparse con sus semejantes, tuvo que vivir de acuerdo a códigos éticos y morales específicos.
Una sociedad sin justicia no logrará nunca estar en paz consigo misma.
Sus habitantes siempre estarán desconfiando los unos de los otros.
Tradicionalmente se representa la justicia como una mujer, cuyos ojos vendados simbolizan la imparcialidad.
En sus manos suele esgrimirse una espada, símbolo del castigo duro a los culpables, y una balanza, símbolo de equilibrio en la búsqueda de lo correcto.
Se reconocen cuatro tipos de justicia, cada uno de los cuales regula ciertas áreas de la vida de las sociedades: distributiva, procesal, restaurativa y retributiva.
Su propósito es velar por la paz social, porque una sociedad que no se siente protegida ante la impunidad puede ejercer violencia por mano propia y eso sería caóticco.
La "Justicia Social" es un concepto no aceptado por todos.
Para algunos está incluido en la justicia distributiva, pero según otros tiene que ver con la lucha por la igualdad de oportunidades, y de la discriminación.
Por eso ha sido bandera de muchos movimientos políticos y sociales que aspiran a esos términos y a la justa distribución de las riquezas.
Cada 20 de febrero se celebra el Día Mundial de la Justicia Social, de acuerdo al calendario de la ONU.
La importancia de la misma radica en que fomenta la integración y la protección frente a la explotación de los más vulnerables.
Su concepto surge en medio de la segunda Revolución Industrial en el siglo XIX, justo antes de estallar la Primera Guerra Mundial.
Hubo en Argentina un presidente que pensó en la inclusión y justicia social: "Juan Domingo Perón" que afirmaba:
“La economía nunca ha sido libre o la controla el Estado en servicio del pueblo, o la controlan las grandes corporaciones en servicio de éste”.
Fue un adelantado que vislumbró el devenir tecnológico y de los grandes mercados.
Percibió la necesidad del cuidado del agua y el medio ambiente.
Pensó en las jornadas laborales, la producción para el engrandecimiento del país contemplando los derechos de los trabajadores.
Reparó en el valor de la educación y la salud para todos, la importancia de la cultura con miras al territorio y afianzamiento de las raíces de identidad.
Impulsó el bienestar de los niños y los ancianos, consideró necesarios los derechos de la mujer.
Rescató y sostuvo entre otras tantas cosas, los derechos sociales de los trabajadores.
Su legado es la más actualizada de las doctrinas políticas que conservan una mirada humanista hacia los pueblos.
Desde tiempos remotos el hombre luchó por sus derechos.
El deseo de un mundo más justo, más libre y más solidario seguramente ha sido una aspiración común desde que existe el ser humano.
Esos derechos fueron evolucionando a través de la historia según las exigencias de cada época y momento histórico.
El siglo XX ha sido escenario de conflictos bélicos de grandes magnitudes: la Primera y Segunda Guerra Mundial.
En ambas, murieron millones de personas y se cometieron atroces crímenes contra la Humanidad.
Ante esta situación, los gobernantes de un gran número de Naciones elaboraron una serie de normas y acuerdos.
El 10 de diciembre de 1948 fue adoptada y proclamada en la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Su principal objetivo era preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra y reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre.
En uno de sus artículos expresa: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.
Claro, el hecho de tener derechos, impone a tener deberes y obligaciones.
Para dar efecto a esas obligaciones como ciudadanos, está la justicia.
El Estado crea leyes estipuladas en hacer valer lo más apropiado para la mayoría y tiene la autoridad de hacerlas cumplir.
La justicia ha existido junto con las sociedades humanas desde el inicio de los tiempos. Desde que el hombre decidió agruparse con sus semejantes, tuvo que vivir de acuerdo a códigos éticos y morales específicos.
Una sociedad sin justicia no logrará nunca estar en paz consigo misma.
Sus habitantes siempre estarán desconfiando los unos de los otros.
Tradicionalmente se representa la justicia como una mujer, cuyos ojos vendados simbolizan la imparcialidad.
En sus manos suele esgrimirse una espada, símbolo del castigo duro a los culpables, y una balanza, símbolo de equilibrio en la búsqueda de lo correcto.
Se reconocen cuatro tipos de justicia, cada uno de los cuales regula ciertas áreas de la vida de las sociedades: distributiva, procesal, restaurativa y retributiva.
Su propósito es velar por la paz social, porque una sociedad que no se siente protegida ante la impunidad puede ejercer violencia por mano propia y eso sería caóticco.
La "Justicia Social" es un concepto no aceptado por todos.
Para algunos está incluido en la justicia distributiva, pero según otros tiene que ver con la lucha por la igualdad de oportunidades, y de la discriminación.
Por eso ha sido bandera de muchos movimientos políticos y sociales que aspiran a esos términos y a la justa distribución de las riquezas.
Cada 20 de febrero se celebra el Día Mundial de la Justicia Social, de acuerdo al calendario de la ONU.
La importancia de la misma radica en que fomenta la integración y la protección frente a la explotación de los más vulnerables.
Su concepto surge en medio de la segunda Revolución Industrial en el siglo XIX, justo antes de estallar la Primera Guerra Mundial.
Hubo en Argentina un presidente que pensó en la inclusión y justicia social: "Juan Domingo Perón" que afirmaba:
“La economía nunca ha sido libre o la controla el Estado en servicio del pueblo, o la controlan las grandes corporaciones en servicio de éste”.
Fue un adelantado que vislumbró el devenir tecnológico y de los grandes mercados.
Percibió la necesidad del cuidado del agua y el medio ambiente.
Pensó en las jornadas laborales, la producción para el engrandecimiento del país contemplando los derechos de los trabajadores.
Reparó en el valor de la educación y la salud para todos, la importancia de la cultura con miras al territorio y afianzamiento de las raíces de identidad.
Impulsó el bienestar de los niños y los ancianos, consideró necesarios los derechos de la mujer.
Rescató y sostuvo entre otras tantas cosas, los derechos sociales de los trabajadores.
Su legado es la más actualizada de las doctrinas políticas que conservan una mirada humanista hacia los pueblos.
Hoy más que nunca es imprescindible difundir su pensamiento, el pensamiento vivo de Perón con el objetivo de rescatar para el país los derechos plenos para cada uno de los ciudadanos.
Hay que lograr nuevamente programas gubernamentales y actos solidarios para los que menos tienen, comiencen a sentirse amparados por la igualdad de oportunidades.
Mentiras dicen los que opinan que Perón ya no está y que esas medidas eran de otra época, y un sinfín de justificaciones erradas para no aceptar que fue un visionario, y que dio felicidad a su pueblo.
Los que opinan de esta manera es porque no aceptan que son unos ineptos, y que llevaron a nuestro país a una situación económica y socialmente calamitosa.
Hoy tenemos una Argentina con millones de pobres, niños que no tienen los derechos básicos: alimentación, educación, agua, salud, derecho a la vida!!!.
Familias en situación de calle.
Por otra parte, el desempleo afecta a los jóvenes que más necesitan trabajar: los provenientes de hogares de menores ingresos.
Abuelos que no les alcanza la jubilación para las necesidades primarias, que son comer, comprar remedios y si pueden a pagar las costosísimas tarifas de servicios.
Para todo esto, me viene a la memoria una frase de la compañera Evita:
“Dónde existe una necesidad, existe un derecho”.
El gran "Enrique Santos Discépolo" en una de sus acertadas frases de filósofo de la vida decía:
“Hay un hambre que es tan grande como la del pan y es la de la injusticia, la de la incomprensión”.
Me despido de todos ustedes, hasta el próximo encuentro!!!.





0 comentarios :
Publicar un comentario