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domingo, 17 de marzo de 2019

Hoy les presentamos "La Condesa Sangrienta" y "Nosferatu":


TEATRO PARA AGENDAR:

"La Condesa Sangrienta" de Alejandra Pisarnik y "Nosferatu" adaptación de Pedro Parcet.
"...para ellos la muerte era el único punto de contacto con la vida.
Sólo sus vestidos de seda envolvían el tronco enorme que ya había echado raíces y borboteaba entre sus cabellos. 
La muchacha había dado a luz de prisa una hija: la muerte".

Pizarnik y una Condesa Sangrienta, una dama en rojo. 

Fascinación por lo anegado, por lo oscuro: la noche, la magia negra, una orquesta de gitanos, el sufrimiento de las víctimas, los baños de sangre, el Castillo, Darvulia, la condena y la muerte.

Pizarnik es Alejandra Pizarnik.

La Condesa Sangrienta es Erzébet Báthory, única habitante del Castillo de Csejthe. Consagrada desde la poesía. Pizarnik despliega aquí una suerte de poema en prosa que sorprende, que rompe las expectativas del lector: es uno de esos casos en los que texto y paratexto no terminan de adecuarse. 

Sin embargo, pasada la primera página no se tarda en advertir que el interés sobre el personaje, sobre la belleza convulsiva del personaje es lo que guía el texto; del texto original, del de Valentine Penrose, se rescata sobre todo su don poético aplicado a una investigación seria.

A la Condesa no le preocupa la muerte, sino la pérdida de la belleza. Nada existe más inquietante para ella como su pérdida. Aquí es donde ingresa Darvulia, la hechicera del bosque. 

Ella es quien la inició en los juegos más crueles; le enseñó a mirar morir y el sentido de mirar morir, ella es quien le explica que para conservar su juventud debe tomar baños de sangre. Su cercanía, su pasión por la magia negra tienen un sólo motivo: la conservación de su belleza.

Pizarnik piensa y deja de lado el relato de las torturas de la Condesa para dar una interpretación:

Pero ¿quién es la Muerte?. Es la dama que asola y agosta cómo y dónde quiere. Sí, y además es una definición posible de la condesa de Báthory. Nunca nadie no quiso de tal modo no envejecer, esto es: morir. Por eso, tal vez, representaba y encarnaba de tal modo a la Muerte. Porque, ¿cómo ha de morir la Muerte?.

Si ella se permite la duda, por qué no indagar ahí. Envejecer antes que morir es perder la belleza y allí estaría la cuestión. Es lógico que no podamos llegar a una conclusión definitiva, pero sin dudas vale la pena preguntárselo: ¿envejecer es morir o perder la belleza?.

Se puede envejecer sin morir, es decir, se puede ser inmortal sin ser eternamente joven y bella. Sin embargo, aquí es donde se observa uno de los puntos más fuertes en la ambigüedad el texto:

La magia negra de Darvulia se inscribió en el negro silencio de la condesa: la inició en los juegos más crueles; le enseñó a mirar morir y el sentido de mirar morir; la animó a buscar la muerte y la sangre en un sentido literal, esto es: a quererlas por sí mismas, sin temor.

Una de las cuestiones más importantes del texto: la juventud y la vejez, la literatura y la crítica, la belleza y la crueldad. Tanto el tiempo y el espacio son alterados por Pizarnik para pasar del mundo “real” un mundo de hadas, para que la Condesa sea la reina absoluta. 

Reinar de manera absoluta implica poder y libertad también absolutos. Una soledad para la Condesa en la que no cohabite más que con las víctimas, la servidumbre y, por supuesto, el espejo. Un castillo-laberinto, con celdas tan profundas y paredes tan espesas que ningún grito se escapa, para confirmar que son una forma del silencio. En fin, una sola voz se alza entre los gritos de las víctimas y los murmullos de las sirvientas, la cúspide de la pirámide, un castillo para un sólo individuo con linaje, un dios en un universo propio. Una voz sin lenguaje, por fuera de él, un silencio reinante que se erige por encima de los demás silencios.

Luego de asesinar de forma impune, a la edad de cincuenta años, la Condesa no niega ninguna de las acusaciones de su acusador y argumenta que sus acciones no se salían de los derechos que su condición de noble le otorgaba. La condena fue dictada: debería permanecer, hasta su muerte, encerrada en las paredes de su Castillo:

Ella no sintió miedo, no tembló nunca. Entonces, ninguna compasión ni emoción ni admiración para ella. Sólo un quedar en suspenso en el exceso del horror.


"Nosferatu" (pieza cinematográfica) Adaptada.

Un corredor de bienes raíces necesita vender un castillo cuyo propietario es el excéntrico conde Graf Orlock. 

El conde, en realidad, es un vampiro milenario que esparce el terror en la región de Bremen, y se interesa en Ellen, la mujer de Hutter.

A estas alturas para nadie es un secreto que el mito vampiro -por lo que tiene de ominoso, erótico y ancestral -es un tópico tan atractivo en la cultura que se consume por millones. 

(Como sangre fresca, humana, para esos dentados ancestrales). Ya sea en la literatura, en la que se ha plasmado más allá de los mitos orales, o en las sucesivas adaptaciones al cine, cómic, televisión, videojuegos y, básicamente, en cualquier medio habitable para esta criatura de la noche.


Con mayores o menores resultados, la figura del vampiro como personaje de horror ha corrido con gran fortuna; ha sobrevivido -como en la misma leyenda- a través de los siglos XIX y XX, hasta llegar a nuestros días. 

Y a este ser cuasi-inmortal también se le ha nombrado de otras maneras: Vampyr, Wampir, Upir, Vurdalak, Draugr… y la que nos ocupa hoy: Nosferatu.

Tal vez encuentres una historia de amor, entre la sangre y el sol que entra por la ventana.
Los esperamos!!!.



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Artículo revisado: Hoy les presentamos "La Condesa Sangrienta" y "Nosferatu": Clasificación: 5 Revisado por: Cadena Noticia Sur