Los hechos tuvieron lugar en el primer servicio religioso de la jornada, y tras el ataque inicial, se habría producido un intercambio de disparos entre la policía y un único asaltante.
Según informes policiales posteriores el hombre, de unos cuarenta años abrió fuego de manera indiscriminada al grito de "todos los judíos deben morir" antes de resultar herido y entregarse a las autoridades.
El asaltante abrió fuego contra los primeros efectivos de la policía que llegaron al lugar y al menos tres agentes de policía resultaron heridos.
El responsable de los disparos acabó herido por los disparos de los agentes y se entregó "arrastrándose" a las autoridades.



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