Durante mi adolescencia rebelde busque referentes, así es como la conocí…!!!.
Un bar, una charla de escritores y ella tan humilde, tan dulce. Siempre la recuerdo como una maestra.
Poldy Bird:
La vida es un cuaderno.
No un “cuaderno borrador”, sino uno de clase.
No se puede borrar nada de lo que escribimos,
ni se puede escribir encima en la misma página.
Voy a usar bien este cuaderno.
No voy a dejar ningún espacio en blanco.
No pegaré hojas para terminarlo antes y saltearé
las cosas lindas por chiquitas e insignificantes que parezcan.
Porque son esas cosas chiquitas las que le dan,
en muchos momentos, valor y sentido a la vida.
Me tiembla la mano…
¿Qué pondré en el primer renglón de la primera hoja?.
Una frase corta, dos palabras: “Estoy Viva”.
Estoy viva… ya vendrá lo demás.
¿Quien fue Poldy Bird?:
¿Qué pondré en el primer renglón de la primera hoja?.
Una frase corta, dos palabras: “Estoy Viva”.
Estoy viva… ya vendrá lo demás.
¿Quien fue Poldy Bird?:
Una escritora nacida en Paraná, Entre Ríos en 1941.
Publicó poemas y colaboraciones en diversos diarios y revistas argentinos y del exterior, y se destacó en la producción de libros destinados a chicos y jóvenes.
Entre sus obras se encuentran "Cuentos para Verónica", "Cuentos para leer sin rimel" y "Nuevos cuentos para Verónica".
En 1969 publicó "Cuentos para Verónica", que tiene más de 80 ediciones. Publico más de 20 libros.
En 1969 publicó "Cuentos para Verónica", que tiene más de 80 ediciones. Publico más de 20 libros.
Una escritora que hizo llorar a varias generaciones de adolescentes.
La vida de "Poldy Bird" estuvo signada por la literatura pero también por los golpes duros. Cuando tenía tan sólo 8 años de edad su madre murió trágicamente en un accidente de tren.
Ese episodio la marcó muchísimo pero también le dio fuerzas para dedicarse a escribir relatos.
La vida de "Poldy Bird" estuvo signada por la literatura pero también por los golpes duros. Cuando tenía tan sólo 8 años de edad su madre murió trágicamente en un accidente de tren.
Ese episodio la marcó muchísimo pero también le dio fuerzas para dedicarse a escribir relatos.
"Mi mamá era escritora y yo heredé esa vocación completamente.
Siempre me gustó leer, desde muy chiquita. Pero cuando mi mamá murió fue como si hubiese recibido en la mano una antorcha para mantenerla siempre encendida", recordó alguna vez, Poldy.
A los 13 años ganó un concurso de poesía que fue clave para su futuro.
A los 13 años ganó un concurso de poesía que fue clave para su futuro.
"Hay una edad en la que necesitas ganar premios para saber que estás en el camino correcto", decía la mamá de la famosa Verónica y abuela del pequeño Alan.
A los 16 años ya había publicado su primer cuento y a los 17 años estaba trabajando profesionalmente para distintos diarios y revistas.
A los 16 años ya había publicado su primer cuento y a los 17 años estaba trabajando profesionalmente para distintos diarios y revistas.
Nunca dejó de publicar: todas las semanas aparecía un relato suyo en algún medio gráfico.
Un ser muy especial, ya que la vida le siguió poniendo pruebas, como la muerte de su hija Verónica y ella continuó llegando al corazón de la gente con su amor y su simpleza.
“PARA MIRAR EL ÁRBOL” FRAGMENTO DEL CUENTO DE POLDY.
Dicen: "No ves el bosque por mirar el árbol".
Y yo digo al revés: "No ves el árbol por mirar el bosque".
Para ver el árbol hay que romper la campana de vidrio que te separa del trino de los pájaros… Hay que pedir tres cosas cuando cruzas bajo un puente por el que en ese mismo instante pasa un tren. Hay que quererse un poco más.
Hay que recordar, de vez en cuando, algo bello que nos haya sucedido.
Hay que repetir tres veces por día la palabra compañía, para espantar los diablos oscuros de la soledad.
Hay que descubrir la primera florcita del ciruelo en primavera.
Hay que traerse siete caracoles de cada viaje al mar.
Hay que tener una canción que nos pertenezca. Y… una estrella elegida en el cielo, sabiendo su nombre y a que constelación pertenece.
Hay que recordar, de vez en cuando, algo bello que nos haya sucedido.
Hay que repetir tres veces por día la palabra compañía, para espantar los diablos oscuros de la soledad.
Hay que descubrir la primera florcita del ciruelo en primavera.
Hay que traerse siete caracoles de cada viaje al mar.
Hay que tener una canción que nos pertenezca. Y… una estrella elegida en el cielo, sabiendo su nombre y a que constelación pertenece.
Para mirar el árbol hay que saber de qué árbol se trata y no ofenderlo confundiéndole con otro de otra clase. Y juntar una de sus hojas del piso en el otoño, y guardarla hasta que se convierta en fino polvillo de oro.
Si estás seguro de que queres mirar el árbol, no tenes más que cumplir estos requisitos.
Y entonces sí lo vas a ver. Vas a quedarte largo rato mirándolo, sintiéndolo, oliéndolo, sin culpa, sin ansiedad, con una paz sencilla y merecida y una alegría que se irá agrandando, agigantando.
Vení. Quiero ayudarte para que lo veas.
Podes confiar en mí. Muchas cosas no sé. ¡Pero mirar el árbol, eso sí lo sé bien!!!.
MIRA EL ÁRBOL, NO EL BOSQUE.
(Este mes de junio, partió con sus sueños a acurrucar a su Verónica.
Aplausos por siempre... querida Poldy Bird).
Si estás seguro de que queres mirar el árbol, no tenes más que cumplir estos requisitos.
Y entonces sí lo vas a ver. Vas a quedarte largo rato mirándolo, sintiéndolo, oliéndolo, sin culpa, sin ansiedad, con una paz sencilla y merecida y una alegría que se irá agrandando, agigantando.
Vení. Quiero ayudarte para que lo veas.
Podes confiar en mí. Muchas cosas no sé. ¡Pero mirar el árbol, eso sí lo sé bien!!!.
MIRA EL ÁRBOL, NO EL BOSQUE.
(Este mes de junio, partió con sus sueños a acurrucar a su Verónica.
Aplausos por siempre... querida Poldy Bird).





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