La felicidad ja ja ja ja:
La idea original era volver a casarse en la bahía de San Benito, allí donde habían dado el sí en 1967.
Pero luego surgió la posibilidad de que el Papa Francisco los recibiera en el Vaticano. "Y ya nos pareció demasiado…", se sincera Evangelina Salazar.
Pero sus seis hijos también querían celebrarlo con ellos, y así surgió esta gran fiesta en el hotel Faena, en Puerto Madero, donde la actriz y Ramón Palito Ortega festejaron… ¡50 años de matrimonio!.
"Es un día muy importante para nosotros. 50 años de convivencia, de logros, de felicidad, de pasar momentos no tan buenos y otros geniales. Así es la vida. Pero fueron muchísimas alegrías, y los hijos nos la seguirán dando", contó Evangelina en un móvil con el programa Secretos verdaderos, de América.
"Es un día muy importante para nosotros. 50 años de convivencia, de logros, de felicidad, de pasar momentos no tan buenos y otros geniales. Así es la vida. Pero fueron muchísimas alegrías, y los hijos nos la seguirán dando", contó Evangelina en un móvil con el programa Secretos verdaderos, de América.
"¿Cuál es la formula?. Creo que no la hay. Si uno tuviera una certeza semejante y la escribe, hace un best sellers. Las cosas se dan, y uno va luchándola. Hoy un señor me decía que cumplía 60 de casado, porque ya con la tercera (mujer) iba a cumplir veinte", bromeó un Palito elegantísimo con su traje de Armani.
"Lo de hoy es un regalo de los hijos. Nos querían organizar esta fiesta, que no es como fue aquel casamiento, en el 67, porque ese día había mucho barullo -recordó el cantante-. Yo me quiero volver a casar para ver cómo es, porque en ese momento no me di cuenta: había tanto griterío que me perdí una parte muy linda de esa ceremonia".
Sucede, claro, que aquella boda paralizó al país. Pero a esta celebración tampoco le faltaron celebridades, como Charly García, Cacho Castaña, Nito Mestre, Celeste Carballo y Oscar Martínez, entre otros.
"Mucha gente amiga", dicen los novios… Y entre la familia, Luciana Salazar, sobrina de Evangelina.
"Son 50 años de tanta felicidad, con los hijos y los nietos: más no se le puede pedir a la vida", concluye Evangelina, aunque esa palabra no es atinada para esta situación. Porque este amor siempre está renaciendo.





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