El autor más popular de la juventud israelí (que no es poca cosa), pasó por la "Feria del LIBRO". Es autor de 5 libros de cuentos, una novela, libros de historietas y un libro para niños.
Etgar nació el 20 de agosto de 1967, es un escritor de cuentos cortos, guionista de televisión y director de cine. Considerado el máximo exponente de la narrativa moderna en hebreo; donde empleando un lenguaje cotidiano, junto con el humor negro y el surrealismo cautiva, extrémese aún desde lo grotesco y pueril.
Sus libros se han traducido a más de 10 idiomas, alguien dijo por ahí que “es la voz de la próxima generación”.
Keret nació en Ramat Gan, Israel; de raíces polacas. Es el tercer hijo de padres sobrevivientes del holocausto.
Vive, actualmente en Tel Aviv con su esposa y su hijo. Es profesor de la Universidad.
En sus relatos siempre hay conflictos ideológicos y trata de romper con los prejuicios, que él califica como ilusiones.
El cree que los seres humanos somos muy adaptables y que el acostumbramiento es una especie de condena para la humanidad.
En una entrevista una periodista inglesa le pregunta cómo podía vivir en un país en el que había tantos atentados como los hay en Israel y él le preguntó como soportaba vivir en un país donde el sol sale tan pocas veces.
Y finaliza diciendo “todos” nos acostumbramos hasta lo que es inhumano!. Ella a no tener sol y él a las bombas.
Empezó a escribir cuando en el servicio militar le obligaron a creer que si es necesario hay que matar y morir por tu país; la escritura lo ayudó a recordar quién era y cuáles eran sus emociones.
Y afirma que el ejemplo es lo único que no te hace un imbécil. Por eso intenta buscar cada día reflejar y ser un buen ejemplo para su hijo.
Una vida rica en sensibilidad indudablemente.
“Keret” es el nombre de una ciudad grande en Polonia y “Etgar” en hebreo significa desafío.
La literatura no promete nada. La escritura es “ficción” justamente porque no es verdad. Lo que es poderoso del arte es justo que no posea ninguna función práctica. A un libro no lo puedes cortar como a un pan. La fuerza de la literatura es que constituye, de hecho, un paquete de sentimientos e imaginación. Si alguien lee un libro y piensa que por leerlo comprenderá cómo cocinar o cómo ganar dinero, o cómo tener éxito, entonces no estará comprendiendo lo que es la literatura.
Empezó a escribir cuando en el servicio militar le obligaron a creer que si es necesario hay que matar y morir por tu país; la escritura lo ayudó a recordar quién era y cuáles eran sus emociones.
Y afirma que el ejemplo es lo único que no te hace un imbécil. Por eso intenta buscar cada día reflejar y ser un buen ejemplo para su hijo.
Una vida rica en sensibilidad indudablemente.
“Keret” es el nombre de una ciudad grande en Polonia y “Etgar” en hebreo significa desafío.
La literatura no promete nada. La escritura es “ficción” justamente porque no es verdad. Lo que es poderoso del arte es justo que no posea ninguna función práctica. A un libro no lo puedes cortar como a un pan. La fuerza de la literatura es que constituye, de hecho, un paquete de sentimientos e imaginación. Si alguien lee un libro y piensa que por leerlo comprenderá cómo cocinar o cómo ganar dinero, o cómo tener éxito, entonces no estará comprendiendo lo que es la literatura.
Y me sorprendió la noche leyendo…
"De repente llaman a la puerta" de Etgar Keret:
“De repente llaman a la puerta –Cuéntame un cuento –me ordena el hombre con barba que está sentado en el sofá de mi salón. Reconozco que la situación me resulta bastante incómoda, porque yo escribo cuentos, pero no soy un cuenta cuentos. Y además no lo hago por encargo. La última persona que me pidió que le contara un cuento fue mi hijo, hace un año. Inventé algo sobre un hada y un ratón de campo, ni siquiera recuerdo qué, solo sé que a los dos minutos ya se había quedado dormido. Mientras que la situación de ahora es completamente distinta. Porque mi hijo no tiene barba. Ni pistola. Y porque mi hijo me pidió el cuento, mientras que la intención de este hombre es robármelo. Procuro explicarle al barbudo que si enfunda la pistola será mucho mejor para él. Para los dos, en realidad. Porque es difícil que se te ocurra un cuento mientras te están encañonando la cabeza con una pistola cargada. Pero el tipo insiste. –En este país –explica–, cuando quieres algo, tienes que exigirlo por la fuerza. Es un inmigrante judío recién llegado de Suecia. En Suecia la situación es completamente diferente. Allí, cuando se quiere algo, se pide educadamente y, por lo general, te lo dan. Pero en el asfixiante y enrarecido Oriente Medio, eso no es así. A uno le basta con pasar aquí una semana para entender cómo funcionan las cosas. O para ser más exactos, para entender cómo no funcionan. Los palestinos pidieron con muy buenos modales un estado. ¿Se lo dieron? ¡Y una mierda! Mientras que cuando 10 pasaron a hacerse saltar por los aires en autobuses cargados de niños, empezaron a escucharlos. Los colonos quisieron que se les enviara a alguien con quien dialogar. ¿Les enviaron a alguien? Otra mierda, eso es lo que les enviaron. Pero en cuanto se pusieron a repartir hostias y a lanzarles aceite hirviendo a los guardias de fronteras, los estamentos empezaron a querer tomar contacto. Este país solo entiende el lenguaje de la fuerza y no importa que se trate de un asunto de política, de economía o de una plaza de aparcamiento. Aquí solo entendemos la fuerza. Suecia, el lugar desde el que el barbudo ha inmigrado, es un país progresista y avanzado en no pocos campos. Porque Suecia no es solo ABBA, IKEA y el Premio Nobel. Suecia es todo un mundo de cosas, y lo muchísimo que tienen lo han conseguido exclusivamente por las buenas. En Suecia, si se le hubiera ocurrido ir a casa de la solista de Ace of Base y llamar a la puerta para pedirle que le cantara una canción, ella le habría preparado una taza de té, habría sacado la guitarra de debajo de la cama y se habría puesto a tocar. Y todo con una sonrisa. ¿Pero aquí? Si no llevara una pistola en la mano seguro que yo lo habría echado a patadas escaleras abajo. –Mira… –le digo intentando que entre en razón. –Nada de mira –exclama furioso el barbudo montando el arma–, o el cuento o un balazo en la cabeza. Así que comprendo que no tengo alternativa, que el tipo va completamente en serio. –Hay dos personas sentadas en una habitación –empiezo–, cuando de repente alguien llama con los nudillos a la puerta. El barbudo se yergue. Por un momento creo que el cuento lo ha atrapado. Pero no. Está escuchando otra cosa. Y es que realmente hay alguien llamando a la puerta con los nudillos. –Abre –me dice–, y no intentes nada. Échalo de aquí lo más deprisa posible, porque si no esto va a acabar muy mal. ….”
Yo que usted, lo busco y lo leo…. imposible arrepentirse!!!.
Hasta el próximo encuentro...





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