El teatro, la literatura, la música y el cine (es como el minuto a minuto de la vida), todo tiene que ver con todo.
Como un disparo de nieve, diría Silvio Rodriguez, me dio en la cabeza la película "Elle".
A mi modo de ver…retorcida y fascinante!!!.
A mi modo de ver…retorcida y fascinante!!!.
No obstante su director Paul Verhoeven controla en todo momento los límites para no ser confundida como una burla al tema de la violación.
Cambios de tonos, de intrigas y misterios le dan un marco sórdido y mordaz.
Cambios de tonos, de intrigas y misterios le dan un marco sórdido y mordaz.
El guion de David Birke propone un equilibrio constante, a pesar de dejarnos sin aire por momentos.
Y una impecable Isabelle Huppert, que sostiene el personaje más allá de los limites propuesto por la propia Michelle!!!.
Recomendable para incursionar en el psicoanálisis de estos tiempos violentos.
Y ... esto me llevó a la poesía y a los cuentos de "La Pisarnik".
Alejandra brilló desde el subrrealismo hasta el psicoanálisis.
Nació en Argentina en el año 1936 y murió en 1972.
Ella era jaula, barcos, vinos, cielos, lunas y piedras. Sexual, depresiva.
En sus poemas nocturnos siempre hay antidepresivos. Por si las dudas, por si el destino llegaba esa noche.
Se volvió adicta a las anfetaminas. Sufrió el acné juvenil y las dietas baratas. Recorría el insomnio y la euforia como nadie.
Tenía celos de su hermana mayor, tartamudeaba. Sus padres inmigrantes judíos, de origen ruso eslovaco, eran joyeros. Y se horrorizaban.
Con sus ojos hundidos sentía gente dentro: mujeres que no se animo a ser.
“Hay versiones de Pisarnik: puede ser un agujero. O una pared que tiembla. Tiene un ojo esotérico y charla largo con los muertos”.
Dicen que su familia mutiló sus diarios por pudores. Dice que su amor platónico fue con Elizabeth Azcona Cranwell.
“Para Elizabeth que sabe que las aventuras perdidas son una niña en busca de su nombre secreto, una muchacha corriendo detrás del amor (….) Prohibido olvidarse”.
Nunca confesó su homosexualidad, le asustaba esa palabra.
Contaba que sentía un "un entrañable calor que me abriga cuando el mundo me golpea, y que ese calor era el de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero".
Y no es casual que la película me llevó a estos poemas de Alejandra Pisarnik.
O al relato de La condesa Sangrienta y nada te cautivará tanto como esta delgada línea de lo bueno y lo malo.
O a Lo bello y lo triste De Yasunari Kawabata.






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