Su ingreso al "Arrabal Porteño"!!!:
Hay muchas versiones de quién lo inventó y como llegó al Río de La Plata, si en algo coinciden los historiadores es que es originario de Alemania.
Señalan como inventor a Herman Uhlig, en 1835 con el objetivo de difundir música sacra en reemplazo de los órganos, pero no resultó.
Después de dos décadas, un fabricante vendió estos instrumentos con las iniciales “AA” , que más tarde pasaron a ser Vertahg Heinrich Band, armados en el taller Band Unión, este taller dio origen a sucesivos nombres : bandunion, bondonion, y finalmente bandoneón, muchos aseguran que este industrial de apellido Band, fue el verdadero padre de la criatura y único inventor del novedoso aparato.
Horacio Ferrer describió:
“Es un instrumento músico de viento portátil. Emite sus voces, sucesiva o simultáneamente, por la vibración de dos sistemas de lengüetas metálicas (canto y bajo), respectivamente alojados en el interior de dos cajas acústicas de madera en las que van dispuestos los teclados, provistas de aire a presión y unidas por un fuelle de cartón, badana y accesorios de metal”.
El teclado a botones constaba en un comienzo de 44 teclas, es decir, que el tamaño del proto bandoneón era sensiblemente menor al de sus descendientes actuales, por lo que se lo llevaba colgado al cuello, igual que el acordeón.
Pero, las posibilidades musicales del instrumento aconsejaron el agregado de más botones, saltando primero a 53 y después a 65, con el consiguiente incremento de volumen y peso.
Por lo cual deja de colgar de los hombros del ejecutante, se abandona la correa y pasa a apoyarse en los muslos del músico, que debió adoptar la más cómoda posición de sentado.
Así llegó al bandoneón de 71 teclas, distribuidas en 38 botones para la caja de canto, que maneja la derecha y 33 para la del bajo, correspondiente a la izquierda, aportando una gama sonora de tres octavas para la primera y algo menos para la segunda.
A este instrumento nuevo, lo esperaba una tierra nueva, un pueblo nuevo hecho de diferentes razas y así sería una piedra angular como punto de partida para una flamante tradición.
Así llegó al bandoneón de 71 teclas, distribuidas en 38 botones para la caja de canto, que maneja la derecha y 33 para la del bajo, correspondiente a la izquierda, aportando una gama sonora de tres octavas para la primera y algo menos para la segunda.
A este instrumento nuevo, lo esperaba una tierra nueva, un pueblo nuevo hecho de diferentes razas y así sería una piedra angular como punto de partida para una flamante tradición.
La musiquita arrabalera, pegadiza y juguetona, sale de las orillas a través de dos medios de difusión el organito callejero, que repartía la melodía a fuerza de manija, y el cornetín de los mayorales de tranvía.
Era una especie de “Jingle” publicitario ideado mucho antes de que algunos señores, con aire intelectual, descubrieran el paraguas.
Uno de aquellos mayorales que guiaba la yunta de caballos ejerciendo una suerte de catarsis anímica a través del cornetín, fue sin querer el encargado de introducir para siempre el bandoneón al Tango.
Uno de aquellos mayorales que guiaba la yunta de caballos ejerciendo una suerte de catarsis anímica a través del cornetín, fue sin querer el encargado de introducir para siempre el bandoneón al Tango.
Era un mulato descendiente de esclavos, cuyos antepasados negros pertenecieron a la familia Ramos Mejía y al ser liberados, como era costumbre, conservaron el apellido de los amos.
Y fue así como “pardo, de patricio apelativo” manejó riendas, condujo pasajeros y sin pretenderlo ni imaginarlo, alcanzó desde su humilde posición una suerte de procerato al llevar su inquietud espiritual hacia terrenos inexplorados.
El pardo Sebastián tenia un bandoneón de 53 teclas al que en los ratos libres le daba con entusiasmo en los cafetines y conventillos, no solo para ganarse unas monedas, lo hacía también para satisfacer un requerimiento del alma, y tocaba especialmente tangos.
¿Que nos queda de Sebastián Ramos Mejía?. Nada, sino la leyenda, embellecida con el recuerdo y rodeada de un respeto mitológico.
Y así desfilan fantasmas rescatados del olvido, de Mazzuchelli Zambrano, Repetto, Solari, Romero y el más famoso de todos, Antonio Chiappe.
Y fue así como “pardo, de patricio apelativo” manejó riendas, condujo pasajeros y sin pretenderlo ni imaginarlo, alcanzó desde su humilde posición una suerte de procerato al llevar su inquietud espiritual hacia terrenos inexplorados.
El pardo Sebastián tenia un bandoneón de 53 teclas al que en los ratos libres le daba con entusiasmo en los cafetines y conventillos, no solo para ganarse unas monedas, lo hacía también para satisfacer un requerimiento del alma, y tocaba especialmente tangos.
¿Que nos queda de Sebastián Ramos Mejía?. Nada, sino la leyenda, embellecida con el recuerdo y rodeada de un respeto mitológico.
Y así desfilan fantasmas rescatados del olvido, de Mazzuchelli Zambrano, Repetto, Solari, Romero y el más famoso de todos, Antonio Chiappe.
Otros se fueron sumando como José Scott, Antonio Gutman “El Ruso”, Pedro Avila, “El Ciego” Ruperto y Josè Piazza, llamado “Pepìn”, que lograría continuidad espiritual en su más destacado discípulo, Pedro Maffia.
En la primera década del siglo XX aparecen los primeros grandes maestros del bandoneón (Fueye entre los tangueros),Vicente Greco, Juan Pacho Maglio, Augusto Berto, Augusto Bernstein, Eduardo Arolas (el Tigre del Bandoneón), Graciano De Leone, Pedro Polito y Ricardo Brignolo.
En la primera década del siglo XX aparecen los primeros grandes maestros del bandoneón (Fueye entre los tangueros),Vicente Greco, Juan Pacho Maglio, Augusto Berto, Augusto Bernstein, Eduardo Arolas (el Tigre del Bandoneón), Graciano De Leone, Pedro Polito y Ricardo Brignolo.
A partir de la década del 20 la ejecución del bandoneón se divide en estilos y escuelas, y se destacan, Pedro Maffia, Pedro Laurenz, Ciriaco Ortiz y Anselmo Aieta.
Y es larga la data de nombres famosos y grandes maestros, Osvaldo Fresedo, Aníbal "Pichuco" Troilo, Héctor Varela, Leopoldo Federico, Raúl Garello, Ernesto Baffa, Paquita Bernardo (primer mujer bandoneonista), Gabriel Clausi, Federico Scorticati, Miguel Caló, Armando Pontier, Luis Stazzo, José Libertella, Astor Piazzolla entre tantos otros !!!.
11 de Julio (Día Nacional del Bandoneón):
Esta fecha fue elegida por ser el día del nacimiento de Aníbal Troilo, 11/07/1914 , considerado “Bandoneón mayor de Buenos Aires”.
El 11 de Julio del 2005 el Congreso de la Nación Argentina declaró “Día Nacional del Bandoneón” mediante la ley 26.035, sancionada el 18 de Mayo de ese año.
Los propulsores de esta ley fueron Francisco Torné (nieto de Zita Troilo) y Horacio Ferrer amigo del músico y creador de la Academia Nacional del Tango.
Qué mejor que recordar el tango creado por dos grandes, Homero Manzi y Charlo, “Fueye”, que nos describe sentimentalmente entre otras estrofas:
“Cuando llegó, te oí reír
cuando se fue, lloró tu son
en tu teclado está, como escondida
hermano bandoneón toda mi vida…!!!.






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