Aseguró que "nunca te acostumbras" pero que
llegó a un punto en el que no le importaba si era ahí o "debajo de un
puente".
Estuve siete meses para acceder porque no
podía. Me daba pudor tener relaciones en la cárcel.
Hasta que un día me puse a pensar y ya no me
importó si era ahí, en mi casa o debajo de un puente, porque además ya pasaba
por una cuestión de necesidad", contó primero a la revista
Pronto.
Luego, continuó: "Nunca te acostumbras. Pero siempre entré y me fue relajada, nunca me generó nada, ni bueno ni malo.
Lo que me importa es estar las nueve horas colgada de su cuello. Es un
divino porque me cocina y me prepara café con leche. Conversar y verlo reír es
lo que más me importa".
Por otro lado, dio detalles de los trámites que tuvo que hacer para sus visitas higiénicas: "Tuve que presentar los papeles de concubinato, un examen médico de sangre y otro físico.
Por otro lado, dio detalles de los trámites que tuvo que hacer para sus visitas higiénicas: "Tuve que presentar los papeles de concubinato, un examen médico de sangre y otro físico.
Después pedir turno con 20 días de anticipación y esperar que te avisen si
la habitación está disponible.
Tienen permitidas tres visitas al mes, entonces cuando yo voy tres días,
tratan de darme el permiso para toda mi estadía".
Por último, señaló acerca del resto de los presos durante sus visitas: "No se te acercan.
Por último, señaló acerca del resto de los presos durante sus visitas: "No se te acercan.
Hay un código entre presos que los hombres no miran a las mujeres de
nadie.




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