Delincuentes robaron, por segunda vez en un mes, la calesita administrada por
Casa MANU en la plaza de Luis Guillón.
La directora de la institución anunció que reforzarán medidas de seguridad, pero no descartó que acaben por cerrar la atracción. “Serían entre 3500 y 4000 pesos que nosotros podríamos estar ingresando al hogar y se van en las reparaciones”, explicó Silvia Casas, directora del hogar que alberga chicos con VIH.
En la madrugada, delincuentes rompieron los cuatro candados que cerraban la boletería de la calesita de la plaza de Luis Guillón y se llevaron lo poco que encontraron: Un equipo de música, unos parlantes, un tacho de basura y hasta la sortija.
Según explicó Casas, la institución de Monte Grande que alberga a chicos con VIH y que posee la concesión del entretenimiento, este es el segundo robo que sufren en menos de un mes, y el cuarto desde que inauguraron la atracción, menos de un año.
Cuando vamos a abrir la boletería a las 16.30 se encuentran con que nuevamente habían reventado las dos puertas”, narró la directora, y lamentó: “No habíamos alcanzado a comprar todo desde el último robo, y encima hubo que arreglar la calesita”.
“La última vez se robaron hasta la sortija, que la tuvimos que mandar a hacer por un carpintero porque es algo tan artesanal que ya no se vende”, explicó, al tiempo que lamentó el robo, por el no ingreso de dinero, sino porque “la calesita es algo que tiene que ver con la cultura”.
En cuanto al rumor que había circulado de que finalmente cerrarían la atracción, la directora comentó que no han llegado a una decisión con la comisión directiva. Sin embargo, consideró: “Es una lástima, pero me parece que nos están ganando, que la maldad está ganando”.
Según explicó Casas, sólo en reponer los parlantes robados en el último año, se han gastado 4500 pesos. Si bien en un principio se esperó que la calesita fuera una fuente de ingreso adicional para el hogar, así como un método llamativo de mantener presente el objetivo del hogar y concientizar, la directora comentó que “no pudo representar nunca ningún ingreso hasta ahora”. “Lo que se recauda, que puede ser, descontado todos los gastos que tenemos, es el dinero que en realidad se va a las reparaciones para los robos, porque serían entre 3500 y 4000 pesos que nosotros podríamos estar ingresando al hogar”, estimó.
“No es una decisión que tengo que tomar yo sola. Es una decisión que nos duele, pero tampoco podemos seguir invirtiendo”, explicó, respecto a la posibilidad de cerrar la calesita de Cas MANU. “Vamos a hacer un intento de pedír un presupuesto y levantar las rejas y poner alambre de púas, pero me va a doler ver la calesita así, no es lo que nosotros queremos que vean nuestros hijos”, aseguró.
Casa MANU nació en 2001 bajo el impulso de Silvia Casas, quien fue la primera mujer en adoptar un chico con VIH en Argentina, Emmanuel. Murió con apenas 8 años, pero Silvia logró convertir ese dolor en esperanza y fundó Casa MANU (Mucho Amor Nos Une). Hoy en día residen ahí 18 chicos de entre un mes y 17 años con VIH/Sida. Algunos con diagnósticos ya definidos de VIH y otros propensos a tenerlo, que es el caso de los bebés que son hijos de padres que tienen el virus.
La directora de la institución anunció que reforzarán medidas de seguridad, pero no descartó que acaben por cerrar la atracción. “Serían entre 3500 y 4000 pesos que nosotros podríamos estar ingresando al hogar y se van en las reparaciones”, explicó Silvia Casas, directora del hogar que alberga chicos con VIH.
En la madrugada, delincuentes rompieron los cuatro candados que cerraban la boletería de la calesita de la plaza de Luis Guillón y se llevaron lo poco que encontraron: Un equipo de música, unos parlantes, un tacho de basura y hasta la sortija.
Según explicó Casas, la institución de Monte Grande que alberga a chicos con VIH y que posee la concesión del entretenimiento, este es el segundo robo que sufren en menos de un mes, y el cuarto desde que inauguraron la atracción, menos de un año.
Cuando vamos a abrir la boletería a las 16.30 se encuentran con que nuevamente habían reventado las dos puertas”, narró la directora, y lamentó: “No habíamos alcanzado a comprar todo desde el último robo, y encima hubo que arreglar la calesita”.
“La última vez se robaron hasta la sortija, que la tuvimos que mandar a hacer por un carpintero porque es algo tan artesanal que ya no se vende”, explicó, al tiempo que lamentó el robo, por el no ingreso de dinero, sino porque “la calesita es algo que tiene que ver con la cultura”.
En cuanto al rumor que había circulado de que finalmente cerrarían la atracción, la directora comentó que no han llegado a una decisión con la comisión directiva. Sin embargo, consideró: “Es una lástima, pero me parece que nos están ganando, que la maldad está ganando”.
Según explicó Casas, sólo en reponer los parlantes robados en el último año, se han gastado 4500 pesos. Si bien en un principio se esperó que la calesita fuera una fuente de ingreso adicional para el hogar, así como un método llamativo de mantener presente el objetivo del hogar y concientizar, la directora comentó que “no pudo representar nunca ningún ingreso hasta ahora”. “Lo que se recauda, que puede ser, descontado todos los gastos que tenemos, es el dinero que en realidad se va a las reparaciones para los robos, porque serían entre 3500 y 4000 pesos que nosotros podríamos estar ingresando al hogar”, estimó.
“No es una decisión que tengo que tomar yo sola. Es una decisión que nos duele, pero tampoco podemos seguir invirtiendo”, explicó, respecto a la posibilidad de cerrar la calesita de Cas MANU. “Vamos a hacer un intento de pedír un presupuesto y levantar las rejas y poner alambre de púas, pero me va a doler ver la calesita así, no es lo que nosotros queremos que vean nuestros hijos”, aseguró.
Casa MANU nació en 2001 bajo el impulso de Silvia Casas, quien fue la primera mujer en adoptar un chico con VIH en Argentina, Emmanuel. Murió con apenas 8 años, pero Silvia logró convertir ese dolor en esperanza y fundó Casa MANU (Mucho Amor Nos Une). Hoy en día residen ahí 18 chicos de entre un mes y 17 años con VIH/Sida. Algunos con diagnósticos ya definidos de VIH y otros propensos a tenerlo, que es el caso de los bebés que son hijos de padres que tienen el virus.

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